Primer Lugar
El amanecer llegó sin pájaros. No llovía. No corría viento. Aun así, se oyó un crujido seco: el coihue del patio se quebró en dos. La abuela detuvo el hueso en el aire. Se quedó quieta, mirando el monte. El gato no cruzó la puerta. El humo del fogón subió en línea recta, sin danzar. —Alguien se va— dijo ella, apenas susurrando—. Cuando el coihue muere solo, es porque un espíritu ha soltado el cuerpo. Esa tarde, el cielo se volvió de cobre. Una bandada que queltehues gritó hacia el sur. Y nosotros supimos; ya no volvería.
Catherina Argandoña Cortés, 22 años,Temuco.
Ilustración: @holamariantu

